El trabajo oculto que se esconde tras una buena novela

Publicado el 1 febrero 2020 por Marta Sánchez
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Carlos Pérez Casas, escritor y corrector que presta servicios en internet a todo hispanohablante, nació en Zaragoza en 1989. Vive rodeado por libros físicos y digitales desde que decidió aventurarse con la escritura y, posteriormente, la corrección de novelas. Como muchas otras personas, disfruta de las buenas historias y siempre ha querido contribuir a ese arte de plasmar por escrito lo imaginado. Por fin lo ha conseguido, y es algo a lo que piensa dedicarse el resto de mi vida.

Podría afirmarse que su pasión viene de familia ya que su padre trabajó en una imprenta como corrector profesional, pero Carlos se decantó más por la creación literaria, no por la corrección. Le parecía más emocionante, menos aburrido. Sin embargo, conforme escribía sus propias novelas adquirió conciencia sobre la necesidad de los servicios de corrección, y en ese afán por mejorar sus propios textos acabó por convertirse en corrector.

Ahora aprende de los fallos ajenos (y propios) a la hora de perfeccionar lo que ofrece al lector.Aunque su empresa es él mismo (los clientes le contactan, él gestiona los encargos, realiza las diversas fases de corrección, elabora las facturas, los formularios de Hacienda, lleva a cabo el seguimiento de los autores…), considera que todo el mundo necesita apoyo, y en tres años dedicándose a esto ha conocido a otros y otras (ya que la corrección es un oficio donde la mayoría de profesionales son mujeres) a quienes puede consultar las dudas o compartir experiencias (buenas y malas) que ayudan a seguir mejorando. Y también reír en compañía.

Está especializado en la corrección de novelas. Sus primeros pasos estaban encaminados a mejorar sus habilidades como escritor, pero luego descubrió que se percibe un siniestro placer al ver los borradores originales, los fallos primigenios que deben ser corregidos para que nunca lleguen al público.

De modo que es a las novelas —las obras producto de la imaginación— a las que se dedica con esmero. Como lector espera una experiencia gratificante al abrir un libro, como corrector desea aportar su granito de arena en esa tarea. Actualmente recibe encargos para corregir manuales de juegos de mesa, rol, etc. un campo que había pasado desapercibido a su concepción sobre la labor del corrector, y puede afirmar que está resultando una experiencia igual de gratificante.

Carlos, ¿cuán importante es para ti que los clientes queden satisfechos? ¿Cómo te aseguras de que las correcciones que realizas sean de buena calidad?

Es esencial que el cliente quede satisfecho. Por un lado, implica que contará conmigo para sus futuros proyectos, lo que supondrá comida sobre la mesa; por otro, significa que he cumplido bien mi labor. Eso gratifica. Además, una corrección bien hecha beneficia mi propio trabajo, ya sea de corrección o de redacción. Todo es experiencia.

Por otro lado, existe un grupo de «clientes» para quienes los correctores somos invisibles: los lectores. A menudo, y espero no ser el único, me paso por Amazon o Goodreads para echar un vistazo a las opiniones de las novelas que he corregido, especialmente si estoy en medio de una revisión que me trae de cabeza, para que todas esas estrellitas me infundan ánimo. Allí puedes apreciar que los lectores están satisfechos.

¿Qué parte de tu equipo de trabajo es esencial? ¿Hay algún elemento que nunca debería faltar?

El manual de Ortografía de la lengua española y acceso a internet para consultar dudas a mis compañeras correctoras. Esta profesión se basa en preguntar, una y otra vez, hasta que tus dudas han quedado resueltas. Por el camino, aprendes; y el número de incógnitas se reducirá con el tiempo, pero siempre hay algo que consultar, de modo que el acceso a información fidedigna es esencial para una corrección bien hecha.

Un ordenador de trabajo también es obligatorio, ya que la época de la corrección en papel se está quedando atrás. Autores y editoriales te envían los manuscritos en digital, y esperan que se los devuelvas corregidos en ese mismo formato.

¿Por qué el trabajo de corrector de estilo se ha hecho imprescindible en los últimos años?

Para que los lectores no abandonen tu obra. He dejado de leer libros, opinado negativamente o rechazado comprar una novela por el «simple hecho» (no es cosa menor) de que estuviera mal redactada. O llena de erratas. Sin importar quién la hubiera escrito. Y no creo que sea el único que ha actuado así. Un lector es, aunque a veces lo olvidemos, un cliente. Un cliente que espera recibir un buen producto.

No hace mucho se produjo una polémica acerca de la primera página de Mañana tendremos otros nombres, premio Alfaguara 2019, porque dejaba en evidencia que ningún corrector de estilo había puesto su mano sobre el texto. Los «había» plagaban esa primera página. Jamás creí que vería semejante enfado por «cuatro palabras mal puestas», pero ha quedado claro que el público es exigente con sus lecturas.

¿Cuál es tu metodología de trabajo? ¿Qué trucos o atajos forman parte de tu rutina?

Atajos, pocos. La corrección es un oficio lento por necesidad, ya que debemos revisar no solo lo escrito, sino su estructura y los espacios (sí, los correctores también revisamos los huecos, en caso de que haya alguno extra). Pero sí, he desarrollado una metodología de trabajo.

  1. Duplicar el documento (para conservar el original).
  2. Realizar una macrolimpieza, esto es eliminar aquellos errores que siempre son errores.
    • Dobles espacios (o triples).
    • Punto después de signo de cierre de interrogación o exclamación.
    • Espacio tras signo de apertura de interrogación o exclamación.
    • Suprimir la tilde de algunos monosílabos (los sospechosos habituales): ti, me, guion, dio, fue…
    • Eliminar los espacios antes de signos de puntuación.
    • Sustituir tabulaciones por sangría.
  3. Normalizar el cuerpo de texto y los títulos.
  4. Corrección de estilo. Es la parte más ardua de nuestra labor y consiste en arreglar errores gramaticales, embellecer el vocabulario, eliminar las muletillas (personales de cada autor), evitar las repeticiones (el famoso «había» que antes he mencionado), reorganizar el contenido de los párrafos para agilizar la lectura…
  5. Una vez concluido remito el trabajo al autor para que acepte, rechace o modifique los cambios que he aplicado a su texto. Aquí la conversación autor-corrector debe ser fluida.
  6. Por último, una vez el autor está satisfecho, aplico la corrección ortotipográfica. Puro manual de la RAE.

Labor de corte y corrección

Como un orfebre de la palabra, un sastre de la narrativa, Carlos Pérez Casas ofrece a sus clientes un trabajo minucioso y, en cierto modo, artesanal para pulir el producto de la imaginación de otros escritores. Al ser él mismo escritor, conoce el vínculo afectivo que un autor mantiene con su obra, por lo que la trata con un exquisito respeto pero siempre aplicando las correcciones necesarias para que el lector tenga un buen texto entre sus manos. Su labor como corrector embellece la obra, facilita su lectura y mejora la experiencia del cliente final: el lector.

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