La fotografía como reflexión sobre lo humano

Publicado el 24 octubre 2019 por Marta Sánchez
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Carlos Escolástico nació en la localidad de El Bonillo, provincia de Albacete, hace 51 años.  Desde pequeño le gustaba observar a la gente, sobre todo a los adultos, pero que un niño te mire fijamente durante mucho rato puede resultar inquietante, así que, tras varias reprimendas, Carlos descubrió en su primera comunión el medio fotográfico. Comprobó que una vez tenía la foto consigo podía mirarla tanto rato y tan de cerca como quisiera y no solo no provocaba ningún rechazo, sino que a la gente le gustaba posar para él. Fotografiar se convirtió en su método para observar de cerca los seres con los que le había tocado vivir.

La labor profesional de Carlos es una amalgama de tareas: además de fotografiar, también dibuja, escribe novela, trabaja como operador de cámara en una escuela de cine e imparte clases. Aunque el origen de todo es la fotografía, a la que se enganchó desde que a los diez años le regalaron su primera cámara. Su hermana mayor le hizo ver el proceso de revelado, que le fascinó, y tiempo después Carlos estudió fotografía documental en Nueva York y trabajó durante bastantes años como fotógrafo de prensa y eventos. La llegada de la transición digital le empujó hacia el medio audiovisual y hoy en día mantiene dos líneas de trabajo: una más profesional centrada en la producción audiovisual a través de la plataforma FOTOMOTORA y otra más artística enfocada al retrato.

Su especialidad es el retrato. El resto de ámbitos le interesan solo tangencialmente. Dentro del retrato le interesa la vertiente más humanista. Busca plasmar en qué consiste existir como persona en este momento que nos ha tocado vivir. Desde ese planteamiento se aproxima a los temas que le interesan que casi siempre rondan las periferias. Le atrae la gente que ha optado por la extravagancia de ser uno mismo. Cuanto más al límite más interés siente.

Carlos, mencionas que observas el mundo a través de tus imágenes y desconfías metódicamente de ellas, ¿qué te genera esa desconfianza? ¿Qué observas en las imágenes que otros no puedan ver?

Pues no sé si los demás lo pueden ver o no. Yo lo que veo es que son mentira y fácilmente pueden parecer verdad. El sentido de la vista es el más poderoso: cuando una imagen está presente los otros sentidos se vuelven accesorios.

Las imágenes me resultan atractivas y seductoras, pero soy consciente de que no dejan de ser una ilusión alejadísima de la realidad. No creo que ninguna fotografía pueda jamás reflejar la esencia de una persona. Lo que vemos en una foto es un porcentaje infinitesimal de la personalidad de alguien, pero es muy fácil creernos que estamos viendo el cien por cien.

El problema es creernos que esa persona es “así”, tal como lo vemos en la imagen. Incluso que nosotros somos “así” tal como nos vemos en un espejo. Todas las imágenes son mentiras muy bien disfrazadas. No hay que confundirlas con la realidad.

¿Qué equipos prefieres utilizar para las fotografías que realizas y por qué?

 Me preocupa bastante poco la técnica. Creo que hoy en día cualquier cámara de gama media bien utilizada puede proporcionar unos resultados para mí más que satisfactorios. 

Para mí, la esencia va a estar siempre en la persona que aparece en la imagen, en su gesto, y eso puedo recogerlo con una tecnología muy básica. Actualmente utilizo una Canon 5d Mark II, una antigualla en los tiempos que corren, pero me he acostumbrado a la textura que ofrece y hay algo en las cámaras más modernas que me resultan excesivamente nítidas.

En cuanto a lentes, la mayoría de las veces disparo con un 50 o un 80 mm fijo, nunca utilizo un zoom o una focal corta para un retrato. Si no estoy haciendo retrato en el sentido estricto del término, a veces hago fotografía de calle o abstracta, utilizo el móvil y obtengo unos resultados más que satisfactorios, sobre todo por la espontaneidad y la inmediatez que te da el poder llevarlo siempre encima.

Realizas un taller sobre cómo utilizar las herramientas procedentes de la psicología para potenciar la creatividad fotográfica, ¿qué puedes contar al respecto? ¿Qué se puede aprender en el taller?

Es un taller muy poco ortodoxo. Por ejemplo, no hago visionados de portfolio para decirle a la gente qué foto es buena y cual no. Lo que propongo es que cada uno descubra los motivos que le llevan a fotografiar más allá de conseguir un resultado que encaje con las tendencias del momento.

Es un taller para ese momento en el que ya has aprendido la técnica y te dices ¿y ahora qué? He comprobado que en muchos talleres de fotógrafos muy reconocidos los alumnos acaban haciendo fotos iguales a las del profesor. Acaban copiando el estilo del que imparte las clases. La propuesta de este taller es utilizar técnicas procedentes de la psicología para buscar en nuestro interior un lenguaje propio que nos permita transmitir al mundo nuestro punto de vista sobre lo que ocurre alrededor.

Para que eso pueda ocurrir, antes de empezar a disparar, es necesario haber reflexionado profundamente sobre lo que quiero contar y para poder llevar esto a cabo propongo técnicas como la meditación o la exploración de las sensaciones del cuerpo. Es un taller muy práctico y poco académico. En mis talleres no enseño a fotografiar, sino que intento facilitar que cada cual encuentre su camino.

¿Crees que la fotografía puede funcionar sin la psicología? ¿Cómo de ligadas están una de otra?

No creo que sea necesario haber estudiado psicología para fotografiar, ni siquiera tener nociones. Hay gente que tiene un talento natural para expresarse. En mi caso, por mi especialización en el retrato, me resultó muy útil para entablar las relaciones con los modelos, para entender qué me atraía de ellos, para poder establecer contactos sinceros con completos desconocidos o para conseguir que en una sesión fotógrafo y modelo pudiéramos relajarnos y permitir que fluyeran las emociones.

También me ha ayudado mucho a saber exactamente por qué y para qué fotografío y eso me da un enfoque y una concentración a la hora de crear que no tenía antes. Es decir, en mi caso sí que ambas son inseparables, pero insisto en que cuando hablamos de creación jamás se darán dos casos iguales.

Una mirada a los límites de la imagen

Carlos Escolástico ha usado la fotografía para analizar a las personas, para indagar y sondear en lo que muestran y lo que esconden. Su aproximación psicologista al arte del retrato le posibilita ver y mostrar matices que escapan al uso convencional que de la imagen se realiza hoy en día. Además, Carlos se acerca a la imagen conociendo sus límites, siendo consciente de su gran capacidad para mentir, para ocultar la verdad y disfrazarla, provocando que su tratamiento de la fotografía tenga un poso de escepticismo saludable.

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