Poniendo las bases de una existencia feliz y equilibrada

Publicado el 9 marzo 2020 por Marta Sánchez
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David Ramírez, psicólogo en Pamplona, estudió la licenciatura de psicología en la universidad de Granada. Allí se formó durante cinco años, eligiendo un itinerario de formación especializada en psicología clínica. Al terminar la licenciatura, realizó un máster de especialidad en psicología clínica aplicada al área de adultos y un curso de experto en Psicología de la Sexualidad y en Terapia de Pareja. Mientras realizaba el máster ya comenzó a trabajar de la mano de un gran profesional de la psicología en Granada, Antonio Luis Maldonado, quien le abrió las puertas de su centro de psicología clínica y se formó en la especialidad viendo su trato en el día a día con los pacientes.

Fruto de esta experiencia y de las prácticas realizadas en un centro psiquiátrico de la Diputación de Granada, abrió su propia consulta en Granada, donde trabajó dos años hasta que en 2014 le ofrecieron la oportunidad de realizar su tesis doctoral en la Universidad de Navarra y se inició en la docencia universitaria. Una vez finalizado el doctorado ha seguido llevando a cabo investigaciones clínicas además de combinar la docencia universitaria en la Universidad de Navarra, la Universidad Pública de Navarra y un centro de psicología llamado PsicoSalud Pamplona Dr. Ramírez.

PsicoSalud Pamplona es una empresa pequeña en vías de crecimiento. La andadura comenzó en Granada bajo el nombre PsicoSalud Granada a comienzos del año 2013. Tras el traslado a Pamplona y la etapa dedicada en exclusividad a la docencia universitaria y la investigación, en enero de 2018 arrancó PsicoSalud Pamplona Dr. Ramírez. En estos momentos trabajan en el centro dos personas, María Ferreras que se encarga de toda la parte administrativa y brinda un excelente trato a sus pacientes, resolviendo todas las dudas y gestiones que se plantean en el día a día del centro, y el propio David, encargado de brindar la atención más especializada a los usuarios.

En abril ampliarán la plantilla a 3, personas para hacer frente a la alta demanda que experimentan. Siempre apuestan por la atención personalizada y el abordaje integral de los problemas que puedan tener los pacientes, por tanto, todo el equipo de PsicoSalud Pamplona está concienciado de este principio y no prima la contabilidad económica ni el tiempo destinado a cada paciente. Prima el grado de satisfacción que hay en los usuarios desde que llaman por primera vez para solicitar una primera cita, hasta que se recibe el alta terapéutica.

El objetivo de su centro de psicología es llegar a todas las personas de cualquier condición y edad para hacerles ver que la salud mental es fundamental y que en torno a ella, cuando se cuida y se resuelven las grandes o pequeñas heridas que todos arrastramos, se puede ser muy feliz.  La especialidad de David es la psicología clínica y sanitaria. Desde el itinerario clínico que eligió en la licenciatura, hasta el máster de especialidad en clínica de adultos y el doctorado realizado en la facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, todo ha estado marcado por una vocación específica, donde la dedicación a los pacientes y el deseo de mejorar la salud mental de cada paciente que acuda a su consulta es la clave.

En PsicoSalud Pamplona abordan todo tipo de trastornos clínicos: desde la depresión y la ansiedad hasta los trastornos adictivos, pasando por los trastornos de la sexualidad masculinos y femeninos o la terapia de pareja y matrimonios. Cuentan con amplia experiencia en la orientación vocacional, profesional y familiar. Explica David que muchas veces la gente no acude al psicólogo porque piensan que tampoco tienen un problema tan grave ni incapacitante, y buscan más una ayuda a orientar una situación concreta que están atravesando. Es labor del terapeuta contextualizar el problema de esa persona y acompañarla el tiempo que necesite, dándole todas las herramientas necesarias para que pueda cambiar su visión del problema y afrontarlo o resolverlo de forma eficaz.

Sus estudios internos les señalan que un 96% de sus pacientes acaban satisfechos con el trato recibido y las estrategias propuestas. El índice de abandono de tratamientos es inferior al 2%, con lo cual, es gratificante para ellos observar que llegan a la raíz del problema desde su intervención y que aportan soluciones eficaces que redundan en la mejora de la vida de sus pacientes. Además, cuentan con un área de formación específica para empresas, organizaciones y fundaciones y constantemente actualizan su material para impartir cursos, conferencias y formación basada en los últimos hallazgos desde una perspectiva empírica de la psicología. 

Dr. Ramírez, ¿qué fue lo que le motivó a dedicarse a la psicología y ofrecer mejoras en la salud mental de sus pacientes?

La motivación para dedicarme a esta profesión vino marcada por una necesidad de tratar de encontrar respuesta al porqué del comportamiento humano y ahí, la psicología como ciencia, tiene las respuestas, pues su objeto de estudio es el comportamiento. Me interesaba el comportamiento «bueno» donde encontramos el altruismo, el amor, la generosidad o la alegría que se contagia, y el «malo», que juzgado sin conocer a la persona, podría ser la soberbia, el egoísmo o la apatía generalizada.

Me emocionaba ver a una madre que limpiando portales y escaleras, era capaz de sonreír y estar feliz en el día a día sacando adelante a sus 4 hijos. Me fascinaba ver a un padre que habiendo estudiado ciencias biológicas, fue capaz de dejar su carrera académica por sacar adelante la empresa de pintura de su padre y que de obra en obra trabajaba sin descanso por cobrar algo a final de mes y sacar adelante su familia. Esa generosidad en unos padres es admirable y no hay ni existe matemática ni ciencia exacta que pueda explicar el amor, la gratuidad o el sacrificio. Eso es digno de estudio.

Me horrorizaba conocer gente que no tenía ganas de vivir, que no encontraban sentido a su vida ni a su historia. Me apenaba enormemente ver gente que por enfermedad, por desempleo o por viudedad, perdían la ilusión, el brillo de sus ojos y creían que los renglones de su biografía estarían escritos por la pena, el dolor y el sinsentido de la desmotivación. Eso también era digno de estudio para mí.

Comportamientos execrables como la violencia de género, el racismo, la manipulación o el abuso, desde la psicología clínica pueden explicarse teniendo en cuenta la historia previa de víctimas y verdugos. Me llamaba la atención leer que el 70% de maltratadores han sido previamente maltratados; que el 64% de niños agresores de bullying han sido previamente víctimas de bullying, acoso o violencia en el propio hogar o en la escuela; que la carencia de padres repercute en el procesamiento emocional que se hace en la vida adulta, o que el estilo con el que has sido amado por tus padres y hermanos en tu infancia más remota, pueda ser decisivo para la forma de amar que tu desarrolles en la vida adulta.

Todo esto me llevó a pensar que lo mío era estudiar medicina y luego, si era el caso, especializarme en psiquiatría. ¿El objetivo? Curar el sufrimiento.

Cuando ya tenía claro que estudiaría medicina y después de hacer una selectividad de ciencias sociales y ciencias de la salud a la vez, fui a matricularme en medicina, pero de pronto, sin saber muy bien por qué, pensé que no, que yo debía estudiar psicología, y como un acto reflejo, sin sentido aparente, me fuí a la facultad de psicología y me matriculé allí. 

A día de hoy es la mejor decisión que pude tomar y de la que sin duda alguna más orgulloso me siento.

¿Que diferencia tu trabajo del de un psiquiatra? 

Pues el modelo desde el cual interpretamos el sufrimiento y el comportamiento humano. Desde la perspectiva psiquiátrica y por tanto más biológica, se estudian los comportamientos desadaptativos como consecuencia de un proceso biológico y neuroquímico concreto, por tanto la medicación será el principal aliado para resolver el problema.

En la perspectiva psicológica sin embargo, diría yo, mucho más amplia y enriquecida, el comportamiento se explica desde el modelo biopsicosocial donde los componentes biológicos, los psicológicos y los sociales son igual de importantes. Entonces la medicación deja de ser el principal aliado para paliar el sufrimiento, y la modificación de pensamientos, del ambiente, de conductas, estilos de vida o procesamiento emocional son igual de importantes que el nivel de transmisor neuroquímico.

La mayoría de los problemas de hecho, no son causa de un desajuste neuroquímico, sino del estilo educativo que hemos recibido, del estilo parental con el que hemos sido criados, de cómo hemos sido queridos y valorados, de cuál es nuestra autoestima y nuestra seguridad personal… Esto cambia todo, y de repente, desde los años 70, la psicología como disciplina científica con entidad y cuerpo propio, no es menos que la medicina ni la filosofía ni la matemática, al contrario, aporta una globalidad al estudio del comportamiento humano que pocas ciencias poseen.

La respuesta al porqué del sufrimiento humano no parece hallarse tanto en la antigua filosofía del castigo divino o la mala suerte, ni tampoco en la tendencia a medicalizar todo. Parece que las heridas emocionales se pueden arrastrar por años y por generaciones y que el beso que faltó, la atención que no hubo, el estilo de exigencia con el que se educó, el bullying que se sufrió en la infancia o el sentimiento de no valer lo suficiente, están en la base de trastornos de personalidad como el evitativo, el dependiente o el ansioso- depresivo, se hallan a la base de una ansiedad generalizada o una distimia, y todo eso unido redunda en una falta de autoestima y un patrón de comportamiento que genera malestar. 

¿En qué ha consistido tu tesis doctoral?

Mi tesis doctoral ha girado en torno al análisis de la problemática de la adicción, descubriendo cómo el nivel de tolerancia a la frustración de una persona, marca de forma significativa las estrategias de autorregulación que tiene un sujeto para gestionar los momentos malos que experimenta todo el mundo. Dichas estrategias se adquieren desde la infancia, cuando los padres y la escuela son esenciales para que nos podamos sentir seguros, queridos y valorados por lo que somos. 

Cuando falla algo de esto, se crean heridas emocionales y fruto de estas, las experiencias vitales donde hay emocionalidad negativa en la persona, se crean vías de escape para evitar el malestar. Ahí es cuando se acude al alcohol, a la marihuana, la pornografía o el juego. Con esta investigación, que me valió el grado de Doctor, concluimos que el problema en la vida de una persona con adicción, esta misma adicción, es una consecuencia de su historia previa, de las estrategias de gestión emocional que ha aprendido y del cómo se ha sentido valorado/a. La adicción así, no es causa del problema, sino consecuencia y vía de escape.

¿Qué parte de tu equipo de trabajo es esencial para garantizar la salud mental? ¿Hay algún elemento que nunca debería faltar?

En nuestra forma de evaluar e intervenir  y tratar a los pacientes en consulta hay 3 principios básicos:

1- Lo importante es la persona que tenemos enfrente, y por tanto, nuestro trabajo gira en torno a ella. Nuestro tiempo, nuestra dedicación, nuestra atención se destina al 100% a la persona que tenemos enfrente. Ni el móvil de la consulta, ni el ordenador donde tomar notas, ni tan siquiera el terapeuta es lo importante. Ante el paciente, respeto y veneración absoluta haciéndole ver que aquí, ante la persona, nosotros solo podemos respetar, escuchar y reorientar todo aquello que le haga sufrir, pero sin menguar su libertad y brindándole en todo momento la atención, respeto y dignidad que toda persona merece, sea cual sea su condición social, económica o en cuanto a edad.

Fruto de este principio, se derivará la escucha activa, la empatía, la mirada atenta, la cordialidad y el respeto que desde el teléfono hasta la última sesión se le da a todos nuestros pacientes. Nosotros somos simples instrumentos. Yo siempre digo que un buen psicólogo es una caja de herramientas, que se da al paciente al 100% con todas las instrucciones necesarias para que este sepa cuando es necesario atornillar algo, fijar mejor algo o taladrar la pared y el muro de su propia vida.

2- No existen personas erróneas. Existen comportamientos erróneos que están ahí por algún motivo que desconocemos en el primer encuentro, pero es habilidad del terapeuta llegar a descifrar la vida del paciente que tiene delante y las causas últimas de su comportamiento. Nuestro papel no es el del gran sabio, gurú que aconseja y escucha desde su atalaya. Lo nuestro es tocar el polvo, la tierra, lo humano y lo divino a la vez. Tocar lo más físico para llegar hasta el alma y hacer que esta quiera ver cosas nuevas.

Nos toca escuchar, comprender, entender el por qué del otro, aunque humanamente nos cueste la misma vida, pero los comportamientos erróneos están ahí por algo. No podemos juzgar ni discriminar. Nos toca remangarnos y entender el porqué de la vida o el comportamiento del otro. Solo desde ahí se pueden modificar repertorios conductuales desadaptativos. Si yo creyera que todo el mundo debe ser igual o comportarse igual o sentir o pensar igual, si no buscara las causas últimas del comportamiento del otro por dañino que fuera, estaría discriminando al diferente, al enfermo o al pobre. Eso no es psicología.

3- Desde nuestra perspectiva cada persona es única y genuina y no existen nunca las mismas causas para explicar un mismo trastorno o un síndrome. El terapeuta es absoluto desconocedor de la vida del paciente que tiene enfrente y debe ir con una humildad supina para poder adentrase en ella si quiere ayudar a resolver sus problemas. Capacidades diferentes, cualidades diferentes, historias de vida diferentes… Todo esto hace que cada intervención se diseñe de forma específica atendiendo a las características particulares de cada paciente.

Según tu experiencia profesional, ¿cuáles son las recomendaciones que les darías a tus pacientes para garantizar la efectividad de los tratamientos psicoterapéuticos que ofreces?

¡Qué pregunta más complicada! Te la traduciría del siguiente modo: ¿qué recomendaciones le darías a la gente que tienes a tu alrededor para que fueran realmente felices? Yo te respondería, en primer lugar que se cuiden. Eso implica que descubran qué les está pidiendo su cuerpo y su mente. Que haya coherencia en sus vidas. Que se permitan sentir cada segundo y disfrutarlo: la brisa del aire en la cara al salir por la mañana; el calor del sol en el cuello al andar; la canción que escuchan y les motiva; la cerveza o el café con un amigo; si se vive disfrutando el hoy y el ahora descubrimos que tenemos más motivos de ser felices que de lo contrario.

Pero económicamente estoy fatal… Pero mi matrimonio se va al traste… Pero mi hija no me habla… Pero mi padre fue… Todo eso es cierto. Es motivo de sufrimiento. Pero tú, hoy, aquí y ahora, estás leyendo, es decir, tienes una cualidad; estás respirando y tu corazón late sosegado, es decir, estás vivo y además, estás sentado, es decir, puedes tener comodidades. 

No te preocupes del mañana que no sabes cómo te vendrá, ni del pasado que ya pasó: disfruta este segundo, este momento único que no volverá jamás. Comienza hoy, ahora, a ver, con todo tu sentido de la vista, lo que tienes delante; a oír lo que tus oídos perciben; a saborear lo que tu paladar te aporta; a sentir lo que tu tacto te manda y a oler lo que más te gusta. Comienza ahora que no se te haga tarde y baila en el salón, canta en la ducha, ríe en el metro o llora en la habitación pero siente este segundo de ahora que no volverá.

Por otro lado, recomendaría entrenarse en los niveles de tolerancia a la frustración. Hacerse dueño y señor de la propia vida sin que nuestra felicidad o nuestra tristeza la marquen los eventos externos. En psicología hablamos del locus de control. ¿Quién controla lo que me pasa? ¿Yo? ¿O el entorno que me rodea? Si ante los eventos negativos pierdes los nervios, la esperanza y la vida, lo lógico es que la espiral de pensamientos negativos abra la compuerta de una cascada inmensa de emociones negativas que me llevarán a realizar conductas de aislamiento y retraimiento social, de falta de implicación en actividades que antes eran agradables, de soledad. Todo esto se puede entrenar en el día a día y al final, es aprendizaje sobre cómo tolerar mejor los eventos que ocurren en la vida de todos y vienen con una marcada carga de emociones negativas.

Por último, mi recomendación es pasárselo bien más a menudo. Qué tontería ¿verdad? Fíjate, cuando tú te lo pasas bien en el día a día, sientes alegría, bajas niveles de activación fisiológica, experimentas bienestar biológico, psicológico y social. Eso nos ayuda a mejorar la salud física porque hay un factor hormonal innegable, un factor psicológico de autorrealización y un factor social de contagio. Ese pasárselo bien nos ayuda a tomar mejores decisiones, a valorar mejor las opciones que podemos elegir para resolver un problema, a estar más centrados en lo que sentimos y a analizar la vida desde una óptica diferente y más positiva.

¿Cuándo y en qué condiciones le recomendarías a un posible paciente que debe buscar tratamiento psicológico?

En cuanto note que algo en su vida se le hace cuesta arriba. Las relaciones, los exámenes, el trabajo, la vida de pareja, su sexualidad… En cuanto perciba que hay algo que no está funcionando como debería, que pida ayuda. ¿Por qué arrastramos problemas y dificultades durante años que nos quitan la paz y la felicidad si se pueden resolver? Pocas personas arrastran una contractura cervical o una ciática durante años. No nos gusta el masoquismo.

Solemos pedir ayuda al médico de cabecera y al fisioterapeuta cuanto antes para aliviarnos. Igual nos pasa con las muelas, con un dolor de cabeza o con un problema de visión. Buscamos los medios y los implementamos cuanto antes. Sin embargo, ¿qué nos pasa con la salud mental? Los complejos, los estereotipos asociados al rol del paciente que va a un psicólogo, nos han hecho creer que el psicólogo es para locos. ¡Qué barbaridad!

Ojalá todos pudiéramos permitirnos en algún momento pasar por una consulta de un buen psicólogo/a. Tan importante como pasar por el dentista o por el enfermero para hacer una analítica completa de chequeo. Es sano, es necesario y no es para locos. Es para todo aquel que sienta que puede mejorar, crecer y ser feliz. Y ojo, que ser feliz, no es no tener enfermedad física, ser feliz, según la OMS es un estado de bienestar físico, psicológico y social. 

Haz de tu mente tu mejor aliada

En PsicoSalud Pamplona, la clínica del Doctor David Ramírez, abarcan un amplio repertorio de problemas psicológicos, ofreciendo una atención absolutamente personalizada y basada en la escucha activa al paciente. Explica David Ramírez que el buen psicólogo pone a disposición de sus pacientes una nutrida caja de herramientas con diversas opciones para que el paciente logre recuperar el bienestar tomando el control de su vida, identificando sus problemas y comprendiendo mejor la raíz de los mismos para lograr una vida feliz y equilibrada.

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Publicado el 9 marzo 2020 por Marta Sánchez
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