Representación legal que intenta evitar los litigios

Publicado el 25 junio 2020 por Marta Sánchez
Condividi su Facebook Condividi su Twitter Condividi su Linkedin Condividi su Linkedin Condividi su Linkedin

Juan Ramón Corvillo, abogado en Cáceres, es extremeño, pacense de nacimiento, pero cacereño de adopción y algo más, pues lleva residiendo en la Ciudad de Cáceres 38 años de los 55 que tiene. Sus dos principales aficiones están relacionadas entre ellas: el aprendizaje y la enseñanza. Le encanta aprender de todo y le encanta compartir con cualquiera que se interese por el resultado de su aprendizaje.

Es por ello por lo que ha compaginado el ejercicio de la Abogacía con la docencia universitaria, estando implicado desde 1992 con la Universidad a través, primero, de la Escuela de Práctica Jurídica -como profesor y coordinador de área- y después, con el Máster Universitario de Acceso a la Abogacía de la Universidad de Extremadura, Máster del cual ha sido su Director. También ha participado activamente en el Colegio de Abogados de la provincia de Cáceres, Colegio del que ha sido ViceDecano hasta enero de 2020. 

Su empresa es un despacho de Abogados que, desde su inicio en 1987, se ha dedicado tanto al asesoramiento jurídico como a la defensa en juicio. Juan Ramón comenzó a ejercer la Abogacía cuando sólo contaba con 22 de años de edad y, después de estar unos meses aprendiendo en otro despacho, decidió montar el suyo propio. En la actualidad, en sus oficinas trabajan tres Abogados, si bien también mantienen colaboración con muchos otros despachos, no sólo extremeños, sino también de gran parte de la geografía nacional.

Su actividad profesional se centra sobre todo en el Derecho Civil (Familia, Contratos y Seguros fundamentalmente) y en el Mercantil (orientan jurídicamente a numerosas entidades mercantiles y las defienden en sus litigios); también tratan el Derecho Administrativo, pues llevan el asesoramiento jurídico y dirección letrada de varios Colegios Profesionales en la Comunidad Autónoma de Extremadura, así como también algo de Derecho Penal (sobre todo en supuestos de usurpación de funciones, en los que detentan la acusación particular por los referidos Colegios Profesionales).

Juan Ramón, ¿qué te motivó a ejercer la abogacía? ¿Cuál ha sido el impacto de vuestra labor en el plano personal?

Jamás he podido soportar una injusticia. La necesidad de impedirla o de, al menos, evitar sus consecuencias, siempre me ha impulsado a moverme y siendo Abogado se goza de más posibilidades de luchar contra las situaciones injustas. Estudié la carrera de Derecho por ello, pero, sinceramente, no fue hasta el cuarto curso cuando me decanté por el ejercicio de esta profesión. Y esto sucedió precisamente con unas prácticas que realizamos en Derecho procesal civil, cuando fui consciente de que el papel de Abogado era lo que quería desempeñar el resto de mi vida.

Soy plenamente consciente de que mi profesión interfiere muchas veces de forma negativa en mi plano personal, acaparando tiempo y circunstancias que podrían ser aprovechadas, sobre todo en mi entorno familiar, pero la recompensa del trabajo bien hecho siempre tiene su efecto positivo en cualquiera, y no digamos cuando se consigue el objetivo perseguido.

¿Cuáles son los recursos materiales que nunca os pueden faltar para llevar a cabo vuestro trabajo?

Cuando comencé a dar clases en la Escuela de Práctica Jurídica a principios de los años noventa lo hice como profesor de Informática Jurídica; me decanté por esa opción porque ya entonces era consciente de que el manejo de la informática y particularmente de las bases de datos, que en aquel momento eran incipientes (por poner un ejemplo, Aranzadi sólo tenía como base de datos un índice de legislación), iba a ser fundamental en el ejercicio de la Abogacía. 

Hoy continúo, lógicamente, con la misma idea. Todo Abogado ha de ser proclive a la realización de cuantas inversiones económicas sean precisas para su profesión y, de todas esas inversiones, siempre la mejor y más necesaria es la que se destina a la formación, tanto en el plano inmediato para la resolución de un asunto (las bases de datos son imprescindibles; en nuestro despacho estamos suscritos a varias de jurisprudencia, de doctrina y de legislación, pues pueden simultanearse y cada una aporta sus valores propios), como en el mediato por la asistencia a jornadas, congresos y cursos de formación.

¿Tenéis alguna anécdota que podáis compartir sobre un caso que haya sido sumamente complicado de resolver?

Tenemos muchas anécdotas que podríamos contar; por destacar alguna, me referiré a un asunto de hará unos cinco años en el que se habían incoado dos juicios relacionados entre ellos: uno, declarativo, por el que nosotros instábamos la nulidad de un contrato de compraventa de una finca rústica -que era el único medio de sustento de nuestro cliente- y en el que habíamos demandado tanto a vendedor como a compradores; y otro de desahucio por el que los nuevos propietarios de dicha finca solicitaban el lanzamiento y desalojo de nuestro cliente de la misma.

Correspondieron los dos a distintos Juzgados y, para nuestro cliente y para nosotros, la cuestión no tenía vuelta de hoja; pero las sentencias de los Juzgados fueron totalmente contrarias a los intereses de nuestro cliente. Fue tanto el compromiso adquirido, el empeño que habíamos puesto y lo que nos afectó personalmente el desfavorable fallo de las dos sentencias que, sin habérnoslo pedido el cliente, le ofrecimos nuestro compromiso de que si no nos daban la razón en nuestros recursos de apelación no le cobraríamos absolutamente nada por ellos.

El cliente, un señor ya bastante mayor -de hecho, murió el año pasado-, nos dijo que “de eso nada”, que él sabía lo que habíamos trabajado y era consciente de lo que aún quedaba por hacer; que todo trabajo tenía que ser pagado, que “tiráramos para adelante” y que él iba a seguir teniendo el mismo concepto de nosotros fuese cual fuese el resultado. Afortunadamente, la Audiencia Provincial estimó los dos recursos. Pero lo que más caló en nosotros no fue el resultado, sino el incondicional apoyo del cliente cuando se perdieron los dos procedimientos en la primera instancia.

¿Cuáles son los mecanismos que utilizáis para contribuir a la resolución de conflictos familiares por herencias?

El primer y principal camino es el diálogo; jamás rechazamos la celebración de cualquier entrevista o reunión con los Abogados de los otros herederos que tenga por objeto algún tipo de acercamiento para darle al problema una solución amistosa. Las discusiones sobre valoraciones suelen zanjarse interesando el criterio estrictamente técnico de profesionales del sector correspondiente (por ejemplo, un Agente de la Propiedad Inmobiliaria si se trata de pisos, un Ingeniero Industrial si se trata de vehículos, un joyero si se trata de objetos de metales preciosos, etc.), profesionales que, designados de común acuerdo por las partes, emiten un informe o dictamen. 

Si las conversaciones no dan fruto, intentamos acudir a la herramienta de la mediación, pero, sinceramente, la cultura de la mediación (cuya filosofía comparto plenamente) aún no está suficientemente implantada en España y pocas veces es herramienta solucionadora de este tipo de conflictos. Acudir al Juzgado siempre es nuestro último recurso, pero, si las circunstancias nos obligan, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, tampoco dudamos en actuar ante los Tribunales de Justicia.

En cualquier caso, en el mismo momento en que el cliente nos encarga el asunto confeccionamos, al igual que solemos hacer con todos los asuntos, un calendario de actuaciones por sucesivas etapas temporales que intentamos cumplir a rajatabla para que el conflicto se solucione a la mayor brevedad posible. Eternizar un problema no sólo es prolongarlo indebidamente con el consiguiente sufrimiento del cliente, sino también incrementarlo de forma innecesaria.

Abogacía a la que puedes confiar tus intereses y derechos

En Corvillo Abogados, su fundador Juan Ramón Corvillo y los otros dos abogados del despacho apuestan por un estilo de abogacía en el que el conflicto judicial sea la última opción. Esto no es óbice para que pugnen con brío por la numantina defensa de los intereses, derechos y libertades de sus representados legales, siempre con una fluida comunicación entre abogado y cliente como base de la relación entre ambos.

Comparte el artículo:
Condividi su Facebook Condividi su Twitter Condividi su Linkedin Condividi su Linkedin Condividi su Linkedin
Publicado el 25 junio 2020 por Marta Sánchez
Últimos Artículos:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cómo funciona ProntoPro

Haz una solicitud
1

Haz una solicitud

Dinos que te hace falta en pocos clics
Compara los presupuestos
2

Compara los presupuestos

En poco tiempo recibirás 5 presupuestos personalizados.
Elige al profesional
3

Elige al profesional

Elige al profesional más adecuado para ti después de haber comparado las ofertas y consultado los perfiles.